Los primeros y el último (japezoa)

2 Comentarios »

En las pichangas casi todo se improvisaba a la hora de armarlas: la cancha era la vereda o la calle, si total autos casi ni pasaban, así que un grito de "¡Auto!", se paraba todo y unos segundos después como si nada. La pelota podía ser de tenis, de plástico, de playa o de casco. Ni el aire importaba tanto, con tal de que rodara bastaba. 


Al hablar de los arcos, ya la cosa se empezaba a complicar, porque era un árbol y una piedra o unas mochilas, y la altura del horizontal y la proyección de la piedra a la vertical, eran interpretaciones, que obviamente generaban intensos debates, y que generalmente terminaban cuando alguna de las partes cedía al famoso "gol o penal".

Para armar los equipos, habían 2 capitanes, que se elegían porque eran los mejores o los más cabrones y tenían la misión de elegir uno a uno a quién quería en su equipo.

Lo primero era decidir quién partía eligiendo y en mi época usábamos "los pasitos", donde los capitanes se ponían de frente y con los pies juntos, daban un paso cada uno, poniendo el talón en la punta de la otra zapatilla. Ganaba el que le pisaba la zapatilla al otro. 

Finalmente empezaba la selección y también el drama. A medida que iban quedando menos por seleccionar y tú todavía estabas ahí, la cosa se hacía más desesperante, algunos levantaban la mano señalándose. Otros, dejando el pudor de lado decían: "¡A mí porfa!". Al final, la mayoría, ya sin fé, esperaba en silencio ese momento, como en el patíbulo y cuando se elegía al penúltimo, ya sabías que ni siquiera oirías tu nombre... pero como todo puede emperar, a veces le escuchabas al capitán: "Ya weon, ven pa acá, pero jugai al arco".

Siga, siga (japezoa)

1 Comentario »

Este loco tenía facha, era de los "chicos populares" en el colegio donde estudiaba. Taquilleros le decíamos nosotros. Aparte tocaba guitarra eléctrica, andaba en moto y más encima era bueno para la pelota. Nada que ver a como éramos nosotros, excepto por el fútbol, pero igual nos juntábamos harto.

Un día, terminada una pichanga, me dijo: "¿Por qué no te inscribes en el Club que yo juego?". A mí me gustaba jugar, pero era remalo. Insistió tanto que al final de dije que bueno, así que fuimos a la sede del club (una oficina chica) y me inscribí como jugador de Magallanes, pero es como decir el Barcelona de Guayaquil, o sea un equipo amateur del sur de Chile.
 
Mi amigo jugaba de 10, de esos zurdos que van con la pelota pegada al pie, pero que ponen pases al vacío o le pegan fuerte y al ángulo cuando tienen la oportunidad. Por mi lado, en el primer partido el "profe" me dice: ¿De qué jugai?", ya les dije que era malo, pero no gil. En este tiempo se jugaba 4-4-2 con dos volantes de contención, un 10 y el famoso "8" o volante de enlace, y que según yo era el que pasaba más piola, así que mi respuesta fue instantánea: "¡De 8!".
 
En el segundo partido, nos tocó jugar de visita, en la población mas pelua de la ciudad. Habían historias de una viejas persiguiendo al árbitro con ollas con agua hirviendo o de hinchas apretando al árbitro casi dentro de la cancha. 
 
Pitazo inicial, se la tocan a mi amigo y empieza a bailar, viene el primer rival, hace como que va a ir a su derecha, flexiona un poco las rodillas, y al cambiar de dirección, el pie izquierdo toca el balón, al instante se apoya en el pasto y se come el caño, todo en el mismo pack. Una belleza. El segundo que apareció, sabía perfectamente lo que hacía y que estaba dentro de esos "5 minutos libres de los locales": un codazo en la mandíbula y le quita la pelota, Mi amigo en el piso sin moverse, el cobro era evidente, pero escucho al árbitro decir "siga, siga". 
 
Del partido, poco que decir, nos ganaron 4 a 1, pero me quedó esa imagen grabada. También acá terminó mi carrera como futbolista porque me dio sarampión, pero eso no es parte de esta historia.
 
Con el pasos de los años, me fui a estudiar a Concepción y luego a trabajar a la capital, y nos dejamos de visitar. La tecnología, al menos en estos tiempos, sirve para saber cómo están estas amistades o hacer video llamadas para conversar un ratito.
 
Un día me entero que él volviendo del trabajo, lo choca otro auto que iba a unas "carreras clandestinas". Lo primero que se me vino a la cabeza fue la imagen del codazo, y como un hijo de puta puede arrebatarte algo a pesar de que tú hagas las cosas de buena fé.

El Larengo (japezoa)

1 Comentario »

No éramos amigos, basta con decirles que hasta el día de hoy no sé su nombre real, sólo que le decían "el Larengo" y que vivía en una de las poblaciones de las de al lado de las nuestras.
Cuando era chico, salía a caminar sin un rumbo fijo en busca de alguien que juntara láminas. Ni siquiera era necesario que llevaras el álbum, cuando te quedaban pocas te las sabías de memoria, sino la otra alternativa era andar con un papelito con los números y lo ibas tachando. En una de esas caminatas, tratando de completar el de Italia 90, conocí al personaje de esta historia.
La cuestión es que, al primero que se le cruzara por delante, uno  lo miraba y le preguntaba: "¿Tení láminas?".  Luego de su respuesta afirmativa comenzamos el ritual: Le paso mi "turro" de láminas, y él me pasa el suyo. Hasta ahí todo bien, lo raro empezó cuando al pasar de una lámina a otra decía "larengo, larengo, no larengo, larengo, larengo..."

Goleado en Bicicleta (japezoa)

Sin Comentarios »

Domingo de verano en Santiago, paseo en la cleta y por fin pude estrenar la camiseta de Boca que me regaló mi cuñada hace 3 años atrás, antes no me entraba ni a palos.

Pasando por el Parque de Los Reyes, sale una pelota de la cancha y llega cerca mío. Me bajo, tomo la pelota y con la otra agarro el manubrio. La pateo, da contra las rejas y vuelve a mí. Escucho unas pifias y una risas. "Fue porque tenía agarrada la bici", fue lo primero que pensé, que es la típica reacción que uno tiene, para echarle la culpa a cualquier cosa, menos a uno.

"Ahora la hago bien, fuerte y con altura, nada puede salir mal". Dejo primero la bicicleta en el suelo, agarro el balón, lo mido y veo como va por el aire, muy por arriba de la reja, pero no para el poste de luz que había, choca justo y de nuevo de vuelta para afuera. Ahora sí, las risas son carcajadas y hasta un "es para hoy amigo" me dijeron.

Abortamos misión y pasamos al Plan B. Agarro la pelota con la mano, me acerco y la tiro, ahora si, adentro de la cancha. Se escuchan aplausos, sé que son de burla, pero ya no había nada que hacer. Avergonzado, me doy media vuelta, y empiezo a caminar para seguir pedaleando. Recién ahí me di cuenta que era goleada cuando escucho que alguien grita: "¡AGUANTE GARY!".


Nuestra Bombonera (japezoa)

Sin Comentarios »

No me acuerdo cuándo ni cuál de los cauros le puso así. Supongo que fue en nuestra época de quinceañero, cuando uno se cree rebelde. El nombre calzaba perfecto, porque queríamos que nos respetaran cuando iba alguien a jugar de visita, tal como lo escuchábamos cuando veíamos los resúmenes internacionales, los domingos en la noche en FutGol.

De glamour nuestra cancha tenía muy poco, por no decir nada. De partida era de Trumao, o sea que en verano uno arrastraba los pies y subía un polvillo que te hacía estornudar, ni hablar de las pelas en las rodillas cuando uno se caía, costra segura. En invierno con la lluvia, se formaba un fango que si te quedabas parado te empezabas a hundir y no te dejaba arrancar cuando querías picar para ir a buscar una pelota.

Historias hay varias, como cuando el Claudio no lavó sus chuteadores Lotto, esos mismos que usaba Zamorano, y al próximo partido no pudo ir a jugar porque se habían podrido o cuando el Trastorner se puso al arco y no encontró nada mejor que hacer unas bolas de barro, para tirárselas al delantero antes de patear... esa tarde salvó varios goles así y también le dio justo en la cara a uno.

Como en el sur llueve casi todo el año, al llegar a la casa también había show, porque parecíamos sacados de la película el Señor de las moscas en vez de haber venido de un partido de fútbol. De la reja ya escuchaba a mi mamá decir "¡Pero mira como vienen!", había que sacarse casi toda la ropa en la entrada e ir directo a la ducha, después la pobre vieja tenía que lavar separada esa ropa.

Ya de grande, tuve la posibilidad de ir a la verdadera, a  un Superclásico, con un River al borde de irse a la B, con Román en cancha y viendo a Palermo hacer su último gol: Climax total. Y para que lo sepan, es cierto lo que dicen, la Bombonera late, pero ni se acerca a como lo hace mi corazón cuando recuerdo esas pichangas en la nuestra.


Taca-Taca con Offside (japezoa)

Sin Comentarios »

Siempre que le cuento esta historia a alguien, me dicen como mínimo que soy mentiroso, así que decidí escribirla, sino me van a terminar convenciendo...

Allá en el sur, en la casa del "Negro", su papá, el "tío Raúl", tenía el típico negocio donde uno iba a comprar golosinas y las mamás, algo que faltó para el almuerzo o la once, sin tener que ir al Supermercado. La cosa es que, visionario el hombre, había ampliado el giro, y puso atrás, en el patio un taca-taca y 2 videojuegos, el Slap Fight y el Double Dragon. Era como que nos hubieran traído Fantasilandia a la vuelta de la esquina.

Un día que fuimos a jugar más tarde de lo habitual, estaban los más grandes en el taca, pero no sólo eso, estaban los más pro y en un campeonato. No habían apuestas, sólo era por el honor y zafar de pagar la ficha, pero si alguien hacía un remolino, sabían que le esperaban sus merecidas patas en la raja.

Como había que hacer fila, mientras miraba al que estaba jugando en el Double Dragon, de repente escucho que el "Samba" grita "Offside!!! Offside!!!", cómo no entendí cómo podía ser eso posible, me acerque lo que más pude, o mejor dicho, hasta donde mi instinto me dijera, no quería que se notara mi presencia, tenía que pasar piola, porque para mí, esto era como estar en una pelea de gallos clandestinos. Igual caché todo y como se las ingeniaron para poner esta regla al taca: Cuando había un gol, el que estaba jugando al arco, rápidamente trataba de alcanzar con su mano la pelota antes que se fuera por la canaleta. Si lo lograba era Offside sino, obviamente que era gol. Estos weones habían inventado el VAR hace más de 25 años atrás... ¡y encima este no se equivocaba!


¡Soy Inocente! (japezoa)

Sin Comentarios »

Tenía 11 años, pero hay recuerdos claros. Era domingo seguro, el mejor día de la semana, porque venían mis tíos y "los chiquillos", que eran mis dos primos y que, junto con mi hermano, completaban la pandilla de esa infancia pura, que con el tiempo uno va perdiendo...

Cuando estábamos juntos, la diversión estaba garantizada, jugábamos a los autitos, ping pong, andar en bici, íbamos a las carreras, al río, a pescar, y tantas otras cosas más, ¿Y a la pelota?, ¡claro que sí!, pero acá viene lo bonito... no a todos le gustaba jugar, pero iban igual, por el de al lado. Así somos cuando niños.

Días antes del partido, en la tele decían: "Brasil nunca ha quedado fuera de un Mundial". Así nos enseñaron, a perder antes de empezar a jugar, a no tener siquiera una ilusión. Al "jugamos como nunca y perdimos como siempre", esa maldita frase que se repetía una y otra vez, como si nos sintiéramos orgullosos.

Ese 3 de Septiembre de 1989, y ya con el partido 1 a 0 abajo, nos fuimos los 4 a jugar a los flipper que habían en el negocio de la casa de un amigo. Ya de vuelta, la tía futbolera de la familia nos dice: "no saben na', quedó la embarrada, le tiraron una bengala al Cóndor Rojas". En la noche en el noticiero, y lo digo en singular porque era el único canal que llegaba, mostraban imágenes de gente apedreando la embajada de Brasil, parecía más una guerra que un evento deportivo.

Semanas después, el Cóndor dijo que él se había cortado, y de verdad, yo no me lo creí, por qué mi ídolo decía eso, no tenía explicación, ¿o era yo el que no entendía?

Con el paso de los años mi di cuenta que yo también fui culpable, culpable de mi inocencia, de creer que esto era un juego como los que hacíamos con mi hermano y mis primos, y en donde no habían trampas....





La Copa de la redención (japezoa)

Sin Comentarios »

La historia había terminado mal, y no tenía por qué haber terminado así: "fue bueno mientras duró cauros", dijo uno en el grupo de amigos de Whatsapp del 3er Tiempo que tenemos, y dónde nos creemos jugadores, entrenadores y analistas deportivos. 

Nos habíamos quedado fuera de Rusia 2018 contra Brasil. El más campeón de todos nos daba la estocada final y nos devolvía a la realidad que veíamos desde siempre. Luego vinieron las declaraciones, los conflictos, acusaciones de indisciplina, la lucha de egos. Brasil nos había ganado pero la soberbia nos golió.

Entrenador nuevo y nuevo proceso. Rueda buscó y buscó, pero no encontró muchas alternativas, así que fue a la Copa América con los de siempre y un par de nombres nuevos. En la hinchada habían más dudas que certezas, pero esa llama de pasión que nos da la Roja es incombustible.

Empezó la Copa y con el correr de los partidos este equipo maravilloso nuevamente nos alimentaba con esperanzas y soñando con otro campeonato.

En cuartos y semis nos tocó con Colombia y Perú, precisamente los que nos dejaron afuera del mundial cuando hicieron "El pacto de Lima", en una actitud antideportiva. Nosotros, con tejado de vidrio, no podemos hablar, ya que nuestro "Maracanazo", fue catalogado como el peor bochorno de la historia del fútbol.

A Colombia se le ganó, pero con Perú no se pudo... se intentó, se puso talento, garra y corazón, pero simplemente fue una noche dónde no salió nada... pero lo más importante es que, tanto en la victoria como en la derrota, se luchó como deber ser: sólo con fútbol.

Es verdad, no pudieron salir campeones, pero está generación dorada nos trajo otra Copa, la de la redención, por lo ocurrido exactamente hace 30 años atrás. Esa mancha no se puede olvidar, tal cual dice en el Nacional "Un pueblo sin memoria es un pueblo sin futuro", en el mismo recinto donde nos enseñaron esa sensación de ser campeón, pero antes de eso, había que trabajar, y duro, como en la vida, sacrificarse como lo hace todo el pueblo Chileno, dar pequeños avances como ganarle por primera vez a Argentina por los puntos, clasificar de nuevo a un mundial, botar por fin a la basura esa maldita calculadora, ganar en un mundial después de más de medio siglo... pero lo más importante, creer que  queremos y podemos jugarle de igual a igual a cualquiera y a donde sea... todo eso... todo eso sólo lo podía hacer un loco, pero un loco lindo...


Gol del Mingo Vidal (Clamater)

Sin Comentarios »

Era otro Domingo más en el pueblo, otro Domingo de fútbol, ese día nos tocaba jugar contra la Plazuela, a mi recién me habían pasado de las infantiles a jugar en la 3era, jugaba de 9, en la tercera jugaban los cracks que ya venían en retirada, los más negados pa la pelota y algunos cabros chicos, uno de mis compañeros era el conocido Mingo Vidal, un hombre de unos 40 años por ese entonces, forjado en el campo, esforzado y bueno pal trabajo, padre de dos hermanas que eran unas de las más lindas de Lo Miranda, don Mingo, a su manera, era un motivador nato, jugaba de 5, era alto y robusto, un físico pesado y difícil de moverlo, no era un talento, pero lo que le faltaba de técnica le sobraba en corazón.

Ya mijito, me dijo ese día, le vas a pegar de afuera hoy, yo te voy a pasar la pelota y le vas a pegar de afuera... jamás le he pegado muy fuerte al balón, no tengo esa cualidad, lo mío era el regate, la gambeta y el oportunismo en el área, pero el Mingo ese día me insistía en que le pegara de afuera, hice como tres intentos y nada, todos devueltos por la defensa, íbamos perdiendo 0 a 1. Al final del primer tiempo, el pipi, un zurdo muy talentoso, se arrancó por la izquierda, desbordó y casi al llegar al corner sacó un potente remate que se metió en el ángulo, quedamos iguales, el Mingo en el entretiempo me dijo que el partido teníamos que ganarlo, que éramos mejores, que yo era jóven y tenía que correr más, que le pegara de afuera, pégale de afuera que el arquero es malo!!!! Me dijo.
Mas o menos en la mitad del segundo tiempo, los centros llovían en nuestra área el arquero pasó a ser figura y el Mingo también, cabeceaba, despejaba como podía, hacia fouls, corría de un lado a otro "bajando" rivales, en eso estaba, cuando de repente en un despeje que hace don Mingo Vidal, llega la pelota al centro de la cancha, da un bote y cuando venía cayendo, me grita...
Pégale de afuera cabro e mierda!!!!
 
Antes que diera el segundo bote le pegué con el alma, la pelota se elevó, pasó por encima del arquero y se clavó en el fondo del arco... Gol Csm!!!! Corrí donde el Mingo y salté a abrazarlo, mientras me abrazaba me dijo, "viste negro, teniai que pegarle de afuera no más", ganamos 2 x 1 pero el segundo gol no fue mío, fue la proyección del despeje del Mingo, ese gol fue de él, fue del Mingo Vidal.

Arco solitario (Clamater)

Sin Comentarios »

El potrero se comienza a colorear con el inconfundible pasto medio amarillo, clara señal de que el otoño está comenzando, el suelo es disparejo, antes hubo siembras en ese terreno, está con algunos hoyos pero no tantos como para no poder chutear, lo circundan por un lado cinco eucaliptos en fila, que se mueven al compas del viento y esparcen su inconfundible aroma en el aire, por el otro lado una cerca hecha de alambres púas y a los costados un límite natural de zarzamoras, tiene el aspecto de un romboide de unos cuarenta por cincuenta metros, al medio hay tres palos, dos en posición vertical, de dos por dos pulgadas, torcidos por la sequedad, de color plomizo, de un metro noventa de alto y un palo horizontal de tres metros veinte, que está puesto encima de los anteriores y que se une en sus esquinas con unos clavos oxidados y un cordel quemado por el sol, de lejos se vería como un rectángulo perfecto si no fuera porque el horizontal esta guateado al medio. En el suelo, bajo los tres palos, descansa una pelota de plástico, que tiene un hoyito por donde perdió el aire original, pero con el calor del sol que va quedando, se mantiene semi inflada... más allá, a lo lejos, por entre los alambres púas, agachados, vienen entrando cuatro mocosos de unos once años cada uno, dos a guata pelada, uno con ojotas y el otro calza unas zapatillas remendadas con hilo de zapatero que el mismo arregló.

Campeonato Yupi-Caricia (Clamater)

Sin Comentarios »

La cancha de nosotros era mucho más buena... lejos, de cemento con arcos de fierro y redondos, deben haber sido los únicos arcos de verdad en todo el pueblo, Lo Miranda... ¿que significa?, lo de Miranda, lo que le pertenece a Miranda, Pedro de Miranda y Rueda... cuanta descendencia dejaste... varios buenos pa la pelota y uno de ellos era el Lucho, Lucho Miranda.

Nosotros nos sentíamos confiados en que podíamos derrotar al equipo de la plaza, eran buenos y eran pelusones y eran pinganillas pero nosotros teníamos una cancha bacán, no porque nuestras familias tuvieran mejores oportunidades o más lucas, sino que tuvimos la buena suerte de que llegó a vivir a la calle don Fredy, un arquitecto pudiente, un loco que escapó de la voragine y demencia citadina, arrancó de acá, de Santiago y se instaló allá, en el campo y se hizo la media casa, con piscina de verdad, de esas de cemento y con pasto, pasto verde sin champas, un jardín maravilloso y una pajarera gigante, con camarotes y todo... y ahí entremedio de ese palacio rural... una cancha, una maravilla que la primera vez que la vi, me emocioné y pensé que afortunados los hijos de esta familia.

Pero no, don Fredy era distinto, el hombre lo primero que hizo cuando terminó su casa, fue invitar a todos los niños que vivíamos en esa calle a jugar baby en la cancha nueva y de ahí no paramos más, todos los Sábados sagradamente había pichanga y don Fredy era uno más de los jugadores, los cabros de la plaza siempre quisieron jugar ahí, así que entre todos armamos un partido de ida y vuelta, primero jugaríamos en la cancha de don Fredy y devuelta en la cancha del colegio, cerca de la plaza y esta vez era con premio. Dos jugos en sobre, cada equipo ponía uno y el ganador se llevaba los dos, nosotros juntamos las monedas como pudimos para comprar un Caricia de guinda y los pelusones llegaron con un Yupi de frutilla, la plata en ese tiempo en las manos de esos niños no existía, hubo que pedirle a los papás y quedarse con uno que otro vuelto y con eso comprar los premios.
Los partidos fueron anécdotas, ganamos de local y de visita se reforzaron con el lucho Miranda que vivía en nuestra calle, pero el muy traidor jugó por ellos ese dia, el flaco era bueno y nos ganaron con varios goles de él.

Al final, la premiación y como estábamos un partido para cada uno, con un carisello sellamos la suerte y claro!, no andabamos con la estrella ese día, así que los de la plaza se quedaron con los dos sobres de jugo... cuando veniamos saliendo de la cancha del colegio, derrotados y sin premios, después de haber tomado aguita de la manguera no más, apareció el felo uno de los pelusones del equipo ganador, se paró con dos botellas de dos litros en sus brazos y nos grita:
- "Cabros!, ¡Vengan a tomar jugo con nosotros!"

Así que ahí, en medio de la cancha, sentados alrededor del circulo central y cuando ya el sol se empezaba a esconder detrás de los cerros y pintaba el arrebol, estuvimos haciendo correr las dos botellas de boca en boca, limpiando el gollete con la palma de la mano, con ese gesto olvidado por el tiempo y conversamos repasando las mejores jugadas y las patadas que le había pegado el Castillo al flaco Miranda, hasta que la noche nos llamó a cada uno para nuestras casas.

Pizzi: Creer lo Imposible (Diego Quinteros)

Sin Comentarios »


Resumen: Ganar un Mundial de Fútbol es una meta pendiente para nuestro país. Pero hoy los chilenos tienen razones para soñar con ese partido único, con un juego extraordinario, con la conquista de un Mundial. La razón de esta ilusión, se resume en la garra del talentoso equipo que integra la Selección Nacional y en su DT, que confía en cada uno de ellos y cree en poder lograr esa hazaña. Pero ¿quién es Juan Antonio Pizzi? Como jugador de fútbol, fue protagonista singular de remontadas deportivas, goleador de la liga española —fue Pichichi en la temporada 95-96 con el Tenerife— y jugó —junto con Josep Guardiola— por el Barcelona en la temporada 96-97. Tras nacionalizarse español, fue seleccionado para jugar la Eurocopa de 1996 y el Mundial de 1998. Como Director Técnico, ha dirigido equipos en España, México, Perú, Argentina y Chile, obteniendo triunfos memorables en los campeonatos locales, como el de la Universidad Católica en 2010 y San Lorenzo en 2013. Y es el mismo DT quien entrega, detalles desconocidos sobre su carrera deportiva, sus logros, sus sacrificios y sus convicciones para guiar a un equipo y jugar el juego que despierta sus más profundas pasiones: el buen fútbol. En compañía del periodista argentino Diego Quinteros, este libro logra plasmar las claves del modelo empleado por Pizzi —que logró que sus dirigidos entendieran que el fútbol se puede jugar de más de una manera— para levantar la copa y quizás volver a hacerlo, una y otra vez, al mando de una de las mejores selecciones que ha tenido el fútbol chileno.

Juego Sucio (Francisco Sagredo / Fernando Tapia)

Sin Comentarios »



Resumen: El auge y desplome de la ANFP pocos meses después del triunfo en la Copa América. Cinco años después de la crisis que significó la salida de Harold Mayne-Nicholls, la ANFP vuelve a hacer noticia debido al escándalo de corrupción protagonizado por Sergio Jadue. Investigación periodística que continúa el trabajo realizado en el libro La caída. Una crónica que deja al descubierto la incapacidad de los dirigentes del fútbol chileno a la hora de darle estabilidad a una de las actividades más importantes en nuestro país. Una completa investigación sobre las causas, los protagonistas y el desarrollo de una historia que trasciende el tema deportivo: las luchas de poder, actos de corrupción, tráficos de influencia y millones de dólares en sobornos para dirigentes nacionales e internacionales.

Mis Libros: Junio del 2017

Sin Comentarios »



Pablo Guede: Respirar Fútbol (Matías Navarro)

Sin Comentarios »



Resumen: Desde su regreso al fútbol argentino, el modelo de trabajo de Pablo Guede generó revuelo tanto en la prensa como en los fanáticos de este deporte. Este libro muestra por dentro un estilo de juego que alcanzó el éxito en Nueva Chicago, Palestino y San Lorenzo, logrando en Sudamérica dos títulos y dos finales en tres años de carrera. Aquí encontrarás desmenuzadas sus tácticas, innovaciones estratégicas, formas de entrenamiento y conceptos futbolísticos más importantes. ¿Cuánto influyó en él su relación con Tito Vilanova? ¿Qué estudia del rival y cómo se adapta a él? ¿De qué manera se relaciona con los futbolistas y potencia suscualidades? ¿Cómo distribuye sus 12 horas de trabajo diario en el club? No se busca convencer de que esta es la única verdad, sino evidenciar uno de los tantos modelos de juego que componen el infinito abanico del mundo del fútbol. Con el invalorable aporte del propio entrenador y de varios de sus dirigidos, conocerás de qué se trata el mundo Guede, apoyado en imágenes, gráficos y hasta videos. Indispensable texto para los amantes del fútbol y la táctica.

Barrio Bravo (Roberto Meléndez)

Sin Comentarios »


Resumen: ¿Qué tiene que ver la historia del Quisco, un joven futbolista amateur, con los superjugadores Ronaldo o Totti? ¿En qué se relaciona la semifinal entre Universidad Católica de Rinconada de Los Andes y Ferro Llanquihue, con la final de la Copa América? ¿O los pormenores del Torneo de los Recreos con la revancha de un amor despechado con Marcelo Bielsa? La pasión por el fútbol es lo que une, en este libro magistralmente escrito, estas y otras historias épicas, que nos llevan a vivir el ritual de la cancha, el vitoreo de la hinchada y las gambetas de la vida misma.

Historias Secretas Del Fútbol Chileno 3 (Luis Urrutia O'Nell "Chomsky")

Sin Comentarios »


Resumen: ¿Qué decir de este libro, uno más para engrosar el brillante currí culo de Chomsky? Que es, desde luego, un texto dirigido al fanático del fútbol, escrito con la rigurosidad de siempre. No en vano Chomsky sacrificó noches enteras buscando el detalle que faltaba, la foto perdida, armando el oscuro rompecabezas de un episodio. ¿Cuánto le costó acceder a un entrevistado para confirmar un dato que manejaba en forma extraoficial? ¿Cuánto le costó dar con la persona clave del capítulo de Green Cross? ¿Cuánto le costó llegar al momento más dramático de la vida de un entrenador, aquel en que se asoma temerariamente a un balcón, dispuesto a dejarse llevar por el vértigo del fracaso?

Fútbol (Osvaldo Soriano)

Sin Comentarios »


Resumen: El fútbol y las pasiones que despierta son el hilo conductor de estos relatos. El plato fuerte lo forman las memorias del Míster Peregrino Fernández, un entrenador carismático, que se considera el creador del fútbol espectáculo. Otros relatos, como el dedicado a Diego Armando Maradona marcando con ayuda de «la mano de Dios» el gol contra Inglaterra que supuso la revancha de la guerra de las Malvinas; o los dedicados al inexistente Mundial de 1942, donde el árbitro, hijo de Butch Cassidy, anulaba goles a balazos, completan esta brillante recopilación.

Violencia 1 - Fútbol 0 (Nicolás Lithitx)

Sin Comentarios »


Resumen: En el año 1877, un hombre residente en Londres llamado Edward Hooligan se hizo conocido por ser alcohólico y protagonizar peleas en las calles de la capital inglesa. Sus escándalos aparecían en los diarios e impresionaban a la gente londinense. A partir de allí, todo aquel que no respetaba las normas establecidas era un hooligan.

La materia del libro es la violencia en el fútbol. ¿Qué son las barras bravas? ¿Por qué existen? ¿De qué viven? ¿Cómo es el hincha? (que no es lo mismo que el barra) ¿De qué manera el periodismo trata el tema? Las banderas, los cánticos, el racismo, el rol del policía, de los árbitros, las medidas de seguridad. Muchas circunstancias que hacen que todavía no encontremos la solución definitiva para erradicar la violencia de las canchas. Este texto tampoco lo es. ¿Sería fácil no? Simplemente, es una recopilación de datos estadísticos que nos harán ver que los salvajes llevan muchos más años de lo que imaginamos.

”Violencia 1- Fútbol 0” pretende ser útil para periodistas y también para el lector común interesado. Por ahora el resultado es negativo pero hay tiempo para darlo vuelta.

Los Invencibles y otros Cuentos (Nicolás Lithitx)

Sin Comentarios »


Resumen: Nicolás Lithitx nos propone siete cuentos apasionantes con historias tan sorprendentes como atractivas, y escritas con una imaginación que no conoce de límites.
“Los Invencibles” es un club de fútbol que sólo cosecha derrotas. Por lo tanto, después de cambiar jugadores, técnicos y hasta a la recepcionista deciden contratar a un detective para conocer el motivo de los continuos fracasos. En “Las Memorias del fútbol” un periodista se encuentra con un glorioso jugador del pasado al que debe ayudar, mientras que Dante pone en juego su amor por Carol en “Es sólo fútbol”. “El clásico de las Galaxias” es una parodia mordaz de Star Wars en la que las estrellas se miden en un partido único. “Parecen niños”, “Mi primera vez” y “El crack de Rio Tembleque (una historia vivida antes de Los Invencibles)” completan esta obra del autor, que es bienvenida por el público futbolero.
En suma, un Lithitx sarcástico e imperdible. Para los amantes de la literatura deportiva y para los que están camino a serlo.

Los 11 Caminos Al Gol (Marcelo Bielsa / Eduardo Rojas)

Sin Comentarios »


Resumen: Cuando llega Marcelo Bielsa, todo cambia. Sucedió en Argentina, en Francia, en España y sobre todo en Chile, un país cuyo seleccionado tomó en uno de los momentos más bajos de la historia. “La Roja” venía de quedarse fuera de los Mundiales 2002 y 2006, y de la mano de Bielsa se clasificó con honores para jugar en Sudáfrica 2010. Fue un único ciclo el del rosarino al frente del seleccionado, pero dejó la sensación de que algo grande había pasado. No se trataba solo de la clasificación a un Mundial, ni de una forma de jugar totalmente distinta: era más que eso. Su forma de ser, sus palabras y su metodología de trabajo llegaron a todos los rincones de la sociedad chilena. El pulso popular lo adoptó, lo admiró y lloró su partida.

Los once caminos al gol es un modo de recuperar esa labor, que es indeleble aunque el fútbol siga su marcha con nuevos técnicos y resultados. El periodista y hoy dirigente Eduardo Rojas Rojas lleva de la mano al lector a lo largo de una serie de “clases magistrales” impartidas por Bielsa como DT de Chile en un libro que nos muestra su pensamiento más profundo. Un libro que, además de ser un perfecto manual de fútbol, puede llegar a postularse como un método para enfrentar casi cualquier desafío: con ideas, pasión y trabajo, todo en dosis masivas.

Balón Dividido (Juan Villoro)

Sin Comentarios »


Resumen: Sin apartarse del principio conductor de Dios es redondo --«el futbol es la recuperación de la infancia»--, los retratos y las crónicas de Balón dividido abarcan a las figuras recientes del balompié actual --Piqué, Messi, Pep Guardiola, Cristiano Ronaldo, los hermanos Boateng-- y, entre extraordinarias conexiones con la literatura, la historia y la psicología, como Juan Villoro nos ha acostumbrado, calienta el ambiente para los numerosos y encendidos debates que el futbol siempre concede, sobre todo en años mundialistas. ¿De qué manera las dificultades entre idiomas condujeron a la invención de las tarjetas con que los árbitros dictan sentencia? ¿Puede un balón tardar meses en llegar a su destino? ¿Por qué los húngaros tienen un sentido más filosófico de la derrota que los mexicanos?

De Bielsa a Sampaoli (Rodrigo Astorga / Armando Silva)

Sin Comentarios »


Resumen: La llamada «generación dorada» del fútbol nacional guarda una historia que podríamos catalogar, a lo menos, de acontecida. Educada en la disciplina de Marcelo Bielsa, la selección chilena pasó por la confianza instaurada por Claudio Borghi para consolidarse con la rigurosidad de Jorge Sampaoli. Este camino, marcado por los incidentes ocurridos tanto dentro como fuera de la cancha, es recorrido aquí en detalle por los periodistas Rodrigo Astorga y Armando Silva, quienes repasan los hechos que forjaron el carácter de la «Roja»: sus triunfos, derrotas, lesiones, conflictos, indisciplinas y el espíritu que llevó a nuestro país a clasificar en el Mundial de Fútbol de Brasil 2014. De Bielsa a Sampaoli es la gran crónica de cómo cambió la mentalidad en el juego de Chile y de cómo los distintos procesos por los que atravesó la selección llevaron a nuestro país a dar un salto en las ligas futbolísticas.

Historias Sudamericanas en las Copas del Mundo (Harold Mayne-Nicholls)

Sin Comentarios »


Resumen: Un libro imperdible para los fanáticos del fútbol, quienes encontrarán en él historias, anécdotas y las más completas estadísticas recopiladas sobre la participación de todos los equipos sudamericanos en la Copa del Mundo, desde Uruguay 1930 hasta las eliminatorias de Brasil 2014. «Para mí, que he pasado una vida siguiendo el fútbol por todo el mundo, tener la oportunidad de enterarme de detalles de la participación de las selecciones sudamericanas en la Copa del Mundo me produce un gran gozo. Además, leer estos capítulos me ha permitido aprender de aquellos que, al otro lado del océano, hicieron grande nuestro querido deporte. Un fútbol que, desde siempre, ha llenado mi gusto por el buen trato al balón y el respeto a la historia». (Pep Guardiola)

La Roja. Historias de la Selección (Carlos González / Luis Navarrete / Braian Quezada)

Sin Comentarios »


Resumen: Este libro llegará a los corazones de todos los lectores, incluso al de aquellos que no están familiarizados con el fútbol, pues hace un repaso a todas las participaciones de Chile en las Copas del Mundo, de una manera entretenida y diferente.

El trabajo pionero del reconocido estadístico Luis Navarrete y el estilo narrativo de Carlos González y Braian Quezada se unen para dar forma a historias que se creían perdidas en el tiempo y a otras más recientes de las que todavía no se ha dicho todo. Así, la lista comienza con Guillermo Subiabre y el Mundial de 1930, pasa por Jorge Robledo; sigue con las glorias de 1962, las selecciones de Carlos Caszely y Elías Figueroa, Francia 1998 y Sudáfrica 2010, entre otros.

También hay espacio para testimoniar insólitas –y en algunos casos desconocidas– experiencias de la Roja en instancias no mundialistas, durante 1919 y 2000, además de un espacio dedicado a las curiosidades de Jorge Sampaoli y de los jugadores que lideraron la clasificación a Brasil 2014.

Todo es Cancha (Varios Autores)

Sin Comentarios »


Resumen: ¿Contra quién jugamos el próximo domingo?
La pasión por el fútbol no admite medias tintas. Es un fervor que se renueva semana a semana sin exclusiones ni excusas. El fútbol necesita apenas de una pelota para jugarse, sin embargo lo que pase con ella puede ser un asunto de vida o muerte. Pablo Azócar, Marcelo Simonetti, Patricio Jara, Sergio Gómez, Daniel Villalobos, Hernán Rivera Letelier, Diego Zúñiga, Álvaro Bisama y Francisco Díaz Klaassen nos cuentan historias de hombres que, desde dentro y fuera de la cancha, frente al televisor, perdidos al final de la galería o escondidos en la multitud, buscan, tanto como la entretención y la competencia, algo que tarde o temprano cambie sus destinos.  Todo es cancha es mucho más que un libro de fútbol. Es un libro de hinchas que saben escribir para hinchas que saben leer.

Con Todo mi Afecto (Alejandro Apo)

Sin Comentarios »


Resumen: Decir que “Todo con Afecto” fue (es) un programa de radio es una reducción imperdonable. Perfecta alquimia de barrio y mundo, la pelota y la literatura levantaron sus banderas en una misma tribuna. En este libro, Alejandro Apo, su hacedor, nos entrega la llave de un tesoro cargado de historias nacidas en el aire. Aquí están las voces y los testimonios fundamentales de un programa con milagrosas ramificaciones, que siempre merodeó la emoción, persiguió la belleza y luchó contra el olvido. ¡Qué suerte que existe Apo! Como en El gran pez, la película de Tim Burton que Alejo cita en “Todo con Afecto”, él fue nuestro papá y nosotros, los oyentes, fuimos sus hijos que, encantados, disfrutamos de su voz y su pasión en los cuentos. ¡Gracias, maestro! Sebastián Wainraich Los jugadores de fútbol hablan en muchos programas, pero en el de Apo dicen cosas que no dicen en ningún otro lado. Lo que él hace no es radio, es arte. Rolando Hanglin Miles de personas de diversa edad y situación social entran por primera vez en una librería por él, por Apo. Y esto pasa en tiempos azotados por el analfabetismo y la analfabetización y el rechazo a la lectura. Es el hombre que hace leer. Rodolfo Braceli Apo logra que cuando uno escucha un cuento que escribió, leído por él, lo sienta más lindo. No sé cómo hace pero los mejora. Alejandro Dolina

Dios Es redondo (Juan Villorro)

Sin Comentarios »


Resumen: Dios es redondo ofrece una vibrante crónica de la religión laica que llena los estadios, las mitologías y supersticiones de un deporte que ocurre en el césped pero también en la mente de los aficionados. Enviado especial a los mundiales de Italia 90 y Francia 98, Villoro domina el arte de escribir al borde de la cancha, pero también el tono reflexivo. El ensayista de Efectos personales (Anagrama, 2001) sabe que los grandes goles duran toda la vida y definen los destinos de quienes los presenciaron. Dios es redondo rinde tributo al más colorido de los divos del pie privilegiado, Diego Armando Maradona, registra las glorias y los excesos de la liga española, ofrece indelebles estampas del último Mundial del siglo XX y brinda un notable ejemplo del arte de la conversación con Jorge Valdano.

Cuentos de los Años Felices (Osvaldo Soriano)

Sin Comentarios »


Resumen: Cuentos de los años felices: historias imborrables en las que lo personal y lo colectivo se iluminan mutuamente. Las tres partes del libro permiten encontrar las claves familiares que impiden al olvido jugar a la escondida. Los cuentos que recuperan la memoria del padre, los que narran las historias que los manuales escolares siguen negando, los que mezclan la ficción y el recuerdo en ese último refugio de la épica, el fútbol. En la primera parte, "En nombre del padre", la presencia del progenitor "contreras", empleado público y enemigo acérrimo de Perón, entusiasta diseñador de planos y destructor de motores, se conjuga con el peronismo de juguete de la infancia y sus camisetas de fútbol regaladas, con la primera novia y el primer gol. "Otra historia" cuenta aquello que debimos aprender al margen de la enseñanza oficial: los riesgos que corrieron esos otros padres -San Martín, Belgrano, Moreno, Saavedra- para convertirse tal como eran -débiles, terrenales, endeudados-en héroes de la patria. "Pensar con los pies", finalmente, habla del fútbol que se juega y del que soñamos despiertos, de la fantasía de una contienda deportiva en una Patagonia poblada de personajes reales e imaginarios.

Los acontecimientos y los mitos que nos pertenecen, corresponden también a este estilo memorioso y sonriente, conciso y conmovedor en su exactitud y laconismo. La sabiduría, el humor y la nostalgia de Osvaldo Soriano consiguen devolvernos un ayer impregnado de presente para que la felicidad no tenga que asociarse con la amnesia.

Puedes leerlo en Scribd

Listado de Cuentos:
I En nombre del padre
Otoño del 53
Aquel peronismo de juguete
Primeros amores
Petróleo
El muerto inolvidable
Morosos
Gorilas
Mecánicos
Juguetes
Palizas
Trenes
Caídas
Encuentros
Geneviève
Vidrios rotos
Voces
Rosebud

II Otra Historia
1810
Revolución y contrato social
La Argentina invade California
Álzaga
Las palabras del adiós
El país imposible
O juremos con gloria callar
Utopía
Un amor de Belgrano
Robespierre

III Pensar con los pies
El penal más largo del mundo
Orlando el Sucio
El Mister Peregrino Fernández
El hijo de Butch Cassidy
Final con rojos en Ushuaia
Últimos días de William Brett Cassidy

Ellas también juegan (Eric Valenzuela)

Sin Comentarios »

Esa mañana su padre fue claro cuando dijo ¡no! Fue el látigo de la frustración y la impotencia, ese que clava en lo más profundo de las voluntades. Un rotundo “no” que se mantuvo por años. Se escapó. Escondida se le vio correr por el pasaje Valencia, como a menudo la pequeña niña María lo hacía, con dos de sus amigas, dueñas de una risa nerviosa y una energía digna de sus tempranas edades. En un desplaye de tierras sueltas y basura regada por todo el lugar un grupo de niñas de edades variadas las esperaba y se mezclaban formando dos equipos de fútbol, a regañadientes, puesto que siempre más de alguna fallaba en el intento de salir de su casa para llegar a aquel lugar. Los padres se negaban a la posibilidad de ver a sus hijas corriendo detrás de un balón de fútbol, puesto que aquel menester no había sido creado para las señoritas con gustos que escapaban a lo que simplemente debía ser, comportarse como mujeres.

Aquel año la selección chilena de fútbol había llegado al mundial de Alemania 1974, entre los jugadores que destacaban estaba la emblemática figura de Elías Figueroa, un joven fornido, de piel oscura con ansias de conquistar el mundo. Era imitado por todos los niños que se atrevían a tomar aquella esfera de cascos pronunciados, azuzaba a sus ajusticiadores que deseaban acariciarla de las más diversas formas. María no era la excepción. Algo mágico había en aquella esfera misteriosa, sus sentidos se agudizaban, su mirada se tornaba ambiciosa. Aun en su recuerdo se hallaba la imagen de la primera vez que la había tocado. En aquella oportunidad sus pies tocaron el áspero suelo que sostenía su frágil cuerpo, sus piernas temblaban al compás de su corazón que, sin fatigar, hacia rugir su orgullo, era el llamado del fútbol, de la libertad, el llamado a soñar. Pero su camino quedo tempranamente truncado. Sus deseos fueron marchitados a golpes y retos capaces de destrozar cualquier ilusión. Su sueño se difumino como las estrellas que se pierden en el amanecer de cada día. Sus lágrimas se llevaron, entonces, el deseo anacrónico de volar junto a un balón de fútbol.

Pero el atardecer del miércoles fue distinto para María. El sol comenzaba a caer poco a poco, la tarde era devorada por los primeros atisbos de la noche, el cielo se comenzó a iluminar de estrellas que aparecían de forma temerosa. Su marido, Ernesto, la tomo de la mano y le apunto con su dedo índice donde sentarse. Había mucha gente cuyas voces se perdían en un zumbido constante, en gritos alentadores, en silbidos que tronaban en los oídos más sensibles. Los focos del estadio se comenzaban a prender lentamente como anunciando lo que venía. Comenzaban a iluminar lo que los ojos de María presenciarían. El olor del pasto, hace poco cortado, subía hasta la galería, el ambiente era maravilloso; en el aire flotaba el papel picado que la gente lanzaba al vacío, sin destino, lo que provocaba que el cielo se llenara de cientos de puntos blancos titilantes que se elevaban con el viento que hasta esas horas se hacía sentir.

Una música proveniente desde la platea del estadio colocó en alerta a toda la gente, fue entonces cuando el equipo salió a la cancha: la gente se paro desenfrenadamente de sus lugares donde yacía sentada, y los aplausos cayeron desde la tribuna hacia la cancha como una cascada de alegría y reconocimiento. María no pudo aguantar las lágrimas que recorrían con desmesura su rostro. Era su hija Camila de diecinueve años. El tiempo pasa y no en vano. En su hija vio esa mirada que ella tuvo cuando toco un balón por primera vez; En su hija vio alegría e ilusión, esas que le fueron arrebatadas cuando a penas comenzaba su vida, cuando a penas comenzaba a soñar junto a su balón. Ahora la gente las reconocía, las apreciaba, las quería. En aquel momento, María comprendió que los tiempos en que se escapaba de su casa junto con sus amigas para jugar fútbol habían quedado atrás, el pasado esta vez quedaba velado con lágrimas de alegría que se perdían en el viento mientras las ilusiones nuevamente, de a poco, volvían a la vida de María.

El día en que Chile salió Campeón Del Mundo (Pablo Biase)

Sin Comentarios »





Quizás porque la realidad es un disparate, los textos de Pablo de Biase se convirtieron en piezas literarias de nuestro deporte. Esta vez, con ágil prosa, nos vamos a los tiempos muy posteriores al Mundial de Sudáfrica 2010, cuando ya Marcelo Bielsa era un modelo social consagrado, en una Latinoamérica unida y distinta. La primera Copa del Mundo obtenida, años antes, por el seleccionado chileno llegó menos temprano que tarde, y nada menos que en una final Argentina – Chile. Desde entonces, una serie de acontecimientos modificaron la escena mundial y son los días en que muchos se preguntan: ¿Qué será de la vida de Maradona?

Medio siglo de vida pública, signada por un inquebrantable sentido de la honradez personal e intelectual, es razón suficiente para revisar, cada tanto, algún aspecto de su pasado. Pero con Marcelo Bielsa ocurre, además, que aún hoy, un largo par de décadas después de su retiro a una vida privada, frugal e íntima, su nombre sigue generando polémicas, admiración y rechazo ardientes. Con una vehemencia similar a la que le hizo ganar la fama de “sanguíneo”. Por lo tanto, el hallazgo casual de un documento que arroja mucha luz sobre la final del Mundial del 10, primera entre sudamericanos entre 60 años, merece la atención de quienes seguimos con pasión la historia del deporte más popular.

Por supuesto, el estilo pasional y arrollador de Marcelo Bielsa para llevar adelante los proyectos en los que creía sembró de anécdotas su biografía, por más de desde joven supiera tender un muro eficaz entre su vida privada y los medios de comunicación. Su falta de la más mínima docilidad frente a las grandes corporaciones comunicativas –especialmente, cuando fue entrenador de la selección nacional argentina de fútbol, a fines del siglo pasado- representó, para sus detractores, “un llamado de alerta”, “el primer signo”. Así, años después, agrandaron y deformaron esas anécdotas, a fin de terminar de pintar un “traidor a la patria” o un “argentino megalómano y voraz”.

Los bielsistas –argentinos, chilenos o mexicanos- coinciden en que se trató del primer signo. Pero del primer signo de una trayectoria emancipatoria programática y pragmática, determinante, entre otras cosas, de la creación de la OEB (1), la capitulación definitiva de Estados Unidos de Nueva Bretaña frente a la Confederación bolivariano-zapatista mexicana, en la Batalla de California (2) –en Abril del 17- y el traslado de la sede de la FIFA de Zurich a Asunción.

Las polémicas son muchas, y las más recientes remiten al ámbito de la política y las relaciones exteriores. Por eso consideramos de gran valor el documento que reproducimos en estas páginas, ya que es rarísimo que en unas notas marginales en la computadora personal de un periodista fallecido hace dos meses -tras caer su vehículo personal en un pozo solar-, figurara un documento de hace más de 15 años, con opiniones y caracterizaciones textuales de Bielsa sobre otros colegas del fútbol, entre otros datos “jugosos”, Más raro aún es que Bielsa haya hecho declaraciones de ese tipo.

Se trata de los fragmentos que se han salvado de una entrevista que Marcelo Bielsa, todavía Ministro de Educación y Deportes de la República Popular de Chile, concedió al malogrado periodista Francis Tuertas (4) para France Football, en el año 2015, y que misteriosamente nunca se publicó. Partes del artículo, más algunas notas marginales realizadas en su momento por el entrevistador, que sobrevivieron al incendio de su laptop (forman parte de la poca información que la policía científica pudo rescatar del disco duro), brindan pistas muy interesantes sobre la presunta suerte sufrida por el entonces técnico de Argentina, Diego Maradona (oficialmente desaparecido antes de comenzar la ceremonia de entrega de premios de Sudáfrica 2010), y sobre los inicios de la carrera literaria de Marcelo Bielsa, entre otros temas.


FF798715_MBIELSA01
POR FRANCIS TUERTAS
VOL.: ENTREVISTA EXCLUSIVA A MARCELO BIELSA
TIT.: “DEJEN A MARADONA EN LA PAZ DE SU FE”

TXT: En un rincón de la modesta pero acogedora casita, enclavada en la montaña azul y verde más límpida que pueda verse por estos días en el Sur de la Confederación Bolivariana, a pocos kilómetros de la ciudad de San Luis –declarada este año “capital cultural de América” por la Unesco- nos recibe, enfundado en su infaltable conjunto deportivo azul, el Ministro de Educación y Deportes de la República Popular de Chile, de “vacaciones con profunda acción literaria sostenida” en su país natal.

Bielsa no lo dice ni lo reconocerá con palabras, pero las sonrisas cómplices de esa cabeza febril, importante, en la que ralea el pelo pero no las ideas y los conceptos táctico-estratégicos, nos autorizan a contar que por estos días, allí y en el I-Pad Corder Apple del lápiz óptico del que no se separa, habitan muchos personajes bendecidos por un manto de piedad literaria. La primera novela-ensayo histórico sociológico con Chile se halla en pleno proceso creativo. ¿Su tema? Un ensayo sobre las mafias y cierta “tendencia genético-cultural a la formación de cuadros administrativos poco apegados a las normativas intra e interorganizacionales, con elevados grados de caudillismo, discrecionalidad en el manejo de los fondos y las vidas de las personas, puntas y carrileros juveniles y profesionales, entre otros”. ¿Su título? Provisorio y oficioso: “Eduardo, barbarie sin civilización” (3).

Sin reconocer que se halla revisando su pasado en Puerto Guevara, en el actual Parque de la Revolución –ex Parque Independencia-, no deja de destilar pasión rosarina mientras su perfil de Doctor Cerebro se acentúa con el caer de la tarde frente a la montaña encantada. “Es cierto, hice erigir un monumento en la puerta del estadio de mi club, y es cierto también que decía ‘Bárbaros, las ideas tácticas no se matan, se contrarrestan’”. Lo que quedó demostrado por el último intendente derechista de Rosario, Roberto Justin, canalla hasta el tuétano, quien hizo demoler la piedra bielsista por una cuadrilla municipal a las tres horas de haber sido erigida (4) (…).

NOTA DE REDACCIÓN:
Luego de mirar una vez más la final y el gol de taco con caño que Suazo le hace a Andújar, en el modesto LCD bidimensional con que visualiza aquí en San Luis, Bielsa baja la voz y explica qué sucedió verdaderamente con Diego Armando Maradona tras la final que Chile le ganó 3-1 a Argentina.

“El rayo no lo partió, aunque sí cayó muy cerca. Diego aprovechó, entonces, la confusión, que cortó durante cinco segundos toda la energía de Ciudad del Cabo y, de este modo, las tomas visuales de lo que sucedía en el terreno, y se perdió en el corazón del África, como el Kurtz de Joseph Conrad. Cuando volvió a haber transmisión oficial o cualquier otro tipo de captura icónica, las cámaras enfocaban los festejos de los jugadores chilenos, y nadie reparó en el DT argentino, sin dudas uno de los treinta y cinco mejores jugadores del siglo pasado. Es verdad que está en alguna parte de Etiopía, pero es una bajeza lo que publicó el diario. De ningún modo tiene relación con los carteles que operan en el centro norte de África ni es su iglesia una fachada para el ir y venir permanente de pequeños aviones. Diego vive genuinamente en la paz de su fe y practica un sacerdocio ecuménico. Tanto la Iglesia de la Mano de Dios como el santuario de Santa Claudia son sitios de comunión humana, de profunda religiosidad y de circulación de valores espirituales. Un rostro más del multifacético reino de libertad que abre la síntesis multidialéctica de la tríada Hegel-Marx-Michel. El despertar de la conciencia de la humanidad que vislumbró Marx encontró su genuina plataforma de despliegue en el modelo holandés. Cuando la conciencia universal sobre la ocupación óptima de los espacios logró captar los alcances ilimitados de este concepto, América comenzó a despertar. ¿O por qué se cree que estuve trabajando cinco años con juveniles en México? Fíjese en los nombres de los comandantes de las principales columnas que están avanzando en territorio californiano, y fíjese en qué club jugaron cuando tenían edad de sexta o quinta división. Von Clausewitz apenas si pido entrever lo que Rinus Michels traspasó con su conciencia increíblemente lúcida (…)”.
(1) Organización de Estados Bolivarianos

(2) Luego de la invasión de los antiguos Estados Unidos de América a la “frontera caliente del Sur”, en Octubre de 1816, el secretario general de la Confederación Bolivariana, Marcelo Bielsa, dispuso en menos de un día una reunión cumbre entre los nueve presidentes de la Confederación (todos los sudamericanos, menos el gobierno “izquierdista” de Uruguay, que adhirió al “socialismo intergaláctico antes que a las nuevas mutaciones del populismo argentino”) y el presidente de los Estados Unidos de México, del que salió la declaración de guerra Tras cuatro meses de un avance casi gandhiano, en el que hispanos, negros y blancos se rendían sin pelear, el gobierno ultraconservador de Jeb Bush debió capitular, restituyendo California,Texas, Nuevo Méjico, Arizona y Nevada a los Estados Unidos de México. Los antiguos estados del Sur norteamericano votaron la secesión y el restablecimiento de la Confederación de Estados Americanos, mientras que los estados restantes se unieron a Canadá en los Estados Unidos de Nueva Bretaña y, bajo el protectorado del rey Carlos de Inglaterra, pasaron a formar parte del Commonwealth.

(3) Clara referencia al ex presidente de Newell’s, de fines del siglo pasado XX y primeros años del XXI, Eduardo López, quien administraba los asuntos del club en la oficina del bingo que regenteaba en el centro de Puerto Guevara -por entonces, Rosario-, y quien supuestamente sobrevendía los pases de los jugadores en operaciones un tanto oscuras. Este libro nunca fue publicado y Bielsa no volvió a hablar de él, probablemente para no dificultar la creación del Centro Polideportivo de Alto Rendimiento “Renato Cesarini”, nombre tras el que se unificaron Rosario Central, Newell’s y Tiro Federal, en 2016, cuando, por otra parte, la lucha revolucionaria en toda América iba borrando los últimos bastiones de resistencia conservadora.

(4) Este episodio desencadenaría el Rosariazo II. La columna Che Guevara, compuesta por la fracción dominante de la hinchada de Rosario Central, un sector importante de “La metralleta leprosa” de la hinchada de Newell’s, la FUR (Federación Universitaria de Rosario), la FUA (Federación Universitaria Argentina) y la Nueva CGT (Confederación General del Trabajo) de los argentinos, incautó el camión y las herramientas, y tomó el palacio municipal de la entonces Rosario, destituyendo al intendente y nombrando en su lugar a Mauricio Pochettino, del Frente Nueva Victoria Popular.



URSS 0 - Chile 0: El Partido de los Valientes (Axel Pickett)

Sin Comentarios »


Resumen: Es la historia del partido que se jugó el 26 de septiembre de 1973. Después del Pronunciamiento Militar y de la llegada de Pinochet al poder, la selección se juega su pase al mundial en la URSS comunista, que representa todo lo que el nuevo gobierno de Chile no quería.

Diccionario Ilustado Del Fútbol (Mouat / Hidalgo)

Sin Comentarios »


Resumen: ¿Echarle para adelante? ¿Arroparse? ¿Disparo a quemarropa? ¿Hoyito patada? El fútbol como una pasión. El fútbol como lo que realmente es: un juego. En Diccionario ilustrado del fútbol sus autores emprenden la alucinante tarea de clasificar y ordenar los conceptos más populares, raros y extravagantes que el deporte rey les ha regalado a los peloteros durante décadas. Con humor, chispa y amenidad, este libro con espíritu amateur, ilustrado magistralmente por Guillo, viene a ser un recreo, una pichanga, un picado, entre tanta competitividad absurda.

Nuevas Cosas Del Fútbol (Francisco Mouat)

Sin Comentarios »


Resumen: Francisco Mouat afila sus lápices ante los enigmas del fútbol y revela asombros de este calibre: el papel que la maldad desempeña en el juego, a verdadera misión de los guardalíneas, las formas que asume la felicidad postanotadora. Por eso provoca tantos dimes y diretes, o libros tan gozosos como el de Mouat. La jugada predilecta del autor, su tiro al ángulo, son las clasificaciones. Su rico arsenal de jugadas se ordena en tipologías subjetivas, por no decir metafísicas. Cataloga con el inventivo rigor de un teólogo medieval, a tal grado que se arriesga a definir los imponderables que pueden ocurrir en el fútbol. Hay que aceptar que el fútbol también divierte por su vulgaridad. Sus máximos protagonistas son millonarios que escupen. La ironía de Mouat encuentra uno de sus mejores momentos al narrar un episodio relacionado con los genitales de Hugo Sánchez. Raymond Chandler prefería a los lectores que apreciaban sus novelas, no por ser policiacas, sino a pesar de serlo. Nuevas cosas del fútbol también fue escrito para quienes ignoran que hubo un gol fantasma en Wembley o que la hoja seca fue patentada por Didí. Mi certeza se basa en un hecho: lo bien que Mouat escribe de héroes desconocidos para la mayoría de los lectores, como el Huaso Romo, entrañable figura del estadio y arrabal, enamorado de todos los goles y todas las mujeres que el mundo ofrecía en 1942.

La Vida que Pensamos (Eduardo Sacheri)

Sin Comentarios »


Resumen: Esta antología incluye relatos ya clásicos como "Esperándolo a Tito" o "Me van a tener que disculpar" así como los últimos cuentos escritos por Sacheri, inéditos hasta ahora. "Me gusta contar historias de personas comunes y corrientes. Personas como yo mismo. Personas como las que han poblado siempre mi vida. Ni siquiera sé por qué son ésas las historias que me nace contar. Tal vez, porque me seduce y me emociona lo que hay de excepcional y de sublime en nuestras existencias ordinarias y anónimas. En esas vidas habita con frecuencia el fútbol. Porque lo jugamos desde chicos. Porque amamos a un club y a su camiseta. Porque es una de esas experiencias básicas en las que se funda nuestra niñez y, por lo tanto, lo que somos y seremos. Creo que todas las historias que contamos buscan acceder, de un modo u otro, a los
grandes temas que gobiernan nuestras vidas como seres humanos. El amor, el dolor, la muerte, la amistad, la angustia, la traición, el triunfo, la espera. Y sin embargo, no resulta sencillo ingresar en esos temas de frente y sin atajos. El fútbol, como parte de esa vida que tenemos, es una puerta de entrada a esos mundos íntimos en los que se juegan asuntos mucho más definitivos. Un escenario, o un telón de fondo, de las cosas esenciales que señalan y definen todas las vidas." Eduardo Sacheri.

Listado de Cuentos:
1. Esperándolo A Tito.
2. De Chilena.
3.El Cuadro De Raulito.
4. Me Van A Tener Que Disculpar.
5. Decisiones.
6. El Golpe Del Hormiga.
7. La Promesa.
8. Motorola.
9. Lo Raro Empezó Después.
10. Un Verano Italiano.
11. Independiente, mi viejo y yo.
12. Por Achával Nadie Daba Dos Mangos.
13. Jugar Con Una Tango Es Mucho Más Difícil De Lo Que A Primera Vista Se Podría Imaginar.
14. Un Viejo Que Se Pone De Pié.
15. El Apocalipsis Según El Chato.
16. Señor Pastoriza.
17. Los Traidores.
18. El Castigo.
19. Una Sonrisa Exactamente Así.
20. Feliz Cumpleaños.
21. Benito En Cuatro Meses.
22.  La Vida Que Pensamos.
23. Dominó.
24. Epílogo (Oración Con Proyecto de Paraíso)

Libro Autografiado: La Vida que Pensamos (Eduardo Sacheri)

Sin Comentarios »


Como El Polaco (Eduardo J Quintana)

2 Comentarios »

“Hay hinchas de Boca, de Ríver, de San Lorenzo y yo soy de Platense”

Una frase mítica del Polaco Goyeneche que encerraba una verdad absoluta. Es fácil ser de los grandes y cada vez que me lo preguntan, lo respondo con orgullo: “Soy hincha de Platense, y nada más que de Platense”. Y la verdad que no me arrepiento de aquel día en que cambió mi vida.

Mi viejo era de Ríver y desde chiquito me llevaba al Monumental; entre otras, estuve aquella tarde de la vuelta olímpica después de diez y ocho años, en 1975 y lo disfruté. Era mi primer campeonato ganado y también, sin saberlo, el último. Las vueltas de la vida me llevarían a que en el año 1977, a instancias de un amigo, el Beto Camacho, presenciara una de las finales más emotivas que jamás haya visto. No por el transcurrir del partido que fue chato y aburrido; ni por el resultado que fue un inerte cero a cero. La verdad de la emoción llegaría con los penales que definirían cual de los clubes descendería a Primera B: Lanús o Platense.

El Beto Camacho, era un amigo del barrio fanático de Platense, algo que fue heredado de su padre el gran Pedro Camacho, un cantante de tango nacido y criado en el barrio de Saavedra, admirador y conocido del Polaco Goyeneche. Miles eran las anécdotas que contaba sobre el viejo Platense de Manuela Pedraza y Crámer, como de los conciertos del Gordo Troilo, de los carnavales o simplemente de la vida cotidiana. Me encantaba hablar con él, pero tenía un gran problema, el “bobo” ya le había avisado una vez y él no se cuidaba. Justamente, tenía que dejar de lado las emociones fuertes. Cuando hablábamos de Platense, a quien le tenía simpatía por el Beto, siendo yo hincha de Ríver, podía pasarme horas escuchándolo, porque era una enciclopedia Calamar. Me hablaba de Santiago Vernaza, Juan Carlos Píris, Ernesto Ullrich, José Luis Petti, Eduardo de Virgilio, Julio Cozzi y los eternos ídolos Vicente Sayago y Enrique Topini

Será por esto que cuento que aquel día de la final, me convencí de acompañarlos. Jugaron en el Gasómetro, había muchísima gente, el fervor fue decayendo a medida que aumentaban los nervios y el resultado no se abría. Nosotros nos habíamos ubicado arriba, casi donde finalizaba la popular de madera. El Beto sufría cada avance de Lanús y Don Pedro hacía lo propio constantemente, en ataque y en defensa. No contenía la pasión y vociferaba barbaridades. El cero a cero final trajo aparejado un nuevo sufrimiento: el alargue. Ahí noté por primera vez, la agitación de Don Pedro, que permaneció sentado todo el descanso. Treinta minutos separaban la gloria del descenso, que para todo futbolero tomaba una trascendencia tal, que era difícil mantenerse distante. Treinta minutos peleados y anodinos, con el mismo resultado: cero a cero. La presión de Don Pedro seguramente había empezado a subir, al Betito se lo notaba preocupado, no le quitaba la vista al padre. Encima la definición por penales y cuando marco tiros penales, no hablo de los clásicos cinco y cinco, hablo una definición con veintidós tiros desde el punto del penal. Casi todos los jugadores tuvieron su chance y digo casi, porque el penal número once del Calamar, lo debía patear el arquero Miguelucci y Roberto Barreiro, el juez, permitió que vuelva a patear Juárez, en lugar del número uno. Los nervios que había en el Gasómetro eran de una magnitud tal, que contagiaron a los jugadores. En mi caso, había vivido un partido aburrido, pero esa definición era para el infarto. Casi no pude ver el último penal de Lanús, porque Don Pedro, se sentó en el tablón, muy agitado, muy colorado; Beto bajó a buscar un médico. Evidentemente el viejo se sentía muy mal ya que no miraba la definición, me senté a su lado y pasé mi brazo encima de sus hombros. Betito debería estar enloquecido buscando un médico, que no llegaba. Sentado, miraba entre las piernas de la gente, no perdiendo de vista lo más importante, a Don Pedro. Cuando Cárdenas, el delantero de Lanús tomó carrera, el viejo aferró mi mano y me balbuceó algo, que no entendí, giré la cabeza, buscando al Beto y en ese momento vi como Miguelucci contenía el penal, ante el griterío de la gente.
Don Pedro otra vez balbuceó algo, estaba peor.
- Beto. Me dijo, apenas abriendo los labios
- Sí, le dije yo intentando pasar el momento.
- Beto, repitió
- Acá estoy. Le volví a decir

Me agarró la mano fuerte, me miró a los ojos y con una mirada muy triste me dijo:
- Beto, me tenés que hacer una promesa
- Sí, por supuesto: Le dije, buscando infructuosamente a su hijo, que venía subiendo las gradas.
- Prometeme que nunca vas a dejar de ser hincha de Platense…
- Se lo prometo Don Pedro…

Ya era tarde. En el mismo instante que Beto llegaba con el médico y los camilleros, Don Pedro se desvanecía en mis brazos; mientras en el campo de juego Miguelucci era llevado en andas por sus compañeros y todo el pueblo Calamar festejaba la permanencia en Primera División. El llanto de Beto era desconsolado, mi corazón palpitaba incesantemente, mientras los tablones vibraban con el salto de la gente.
Cómo olvidar aquel día si fue un bautismo de fuego. Fue el final de una historia de amor y el comienzo de otra. Se había ido un calamar de ley. Había nacido otro calamar de ley.

Desde ese mismo momento, cada vez que Platense enfrenta a Ríver, con mi viejo, vamos a tribunas opuestas. Por supuesto yo voy a la de Platense, con el Beto, porque como diría el Polaco:
“Hay hinchas de Boca, de Ríver, de San Lorenzo y yo soy de Platense”

Messi es un perro (Hernán Casciari)

Sin Comentarios »

Escribí esto hace dos o tres meses. Pero bien podía haberlo escrito el sábado a la noche, después del cuatro a tres contra Brasil. Esta reflexión apareció en las páginas 128 y 129 de la revista Orsai número seis y, desde que se publicó, me moría de ganas de ponerla en el blog, de contrabando. Solamente esperaba el momento oportuno para que cada palabra tuviera, otra vez, el apoyo de lo inmediato. Y hoy es buen momento. Me reafirmo, entonces, en la teoría del hombre perro.

El texto empezaba así:

La respuesta rápida es por mi hija, por mi esposa, porque tengo una familia catalana. Pero si me preguntan en serio por qué sigo acá, en Barcelona, en estas épocas horribles y aburridas, es porque estoy a cuarenta minutos en tren del mejor fútbol de la historia.

Quiero decir: si mi esposa y mi hija decidieran irse a vivir a Argentina ahora mismo, yo me divorciaría y me quedaría acá por lo menos hasta la final de la Champions. Y es que nunca se vio algo parecido adentro de una cancha de fútbol, en ninguna época, y es muy posible que no ocurra más.

Es verdad, estoy escribiendo en caliente. Redacto esto la misma semana en que Messi hizo tres para Argentina, cinco para el Barça en Champions y dos para el Barça en Liga. Diez goles en tres partidos de tres competiciones diferentes.

La prensa catalana no habla de otra cosa. Durante un rato, la crisis económica no es el tema de inicio en los noticieros. Internet explota. Y en medio de todo esto a mí me acaba de pasar por la cabeza una teoría extraña, muy difícil de explicar. Justamente por eso intentaré escribirla, a ver si termino de darle vuelo.

Todo empezó esta mañana: estoy mirando sin parar goles de Messi en Youtube, lo hago con culpa porque estoy en mitad del cierre de la revista número seis. No debería estar haciendo esto.

De casualidad hago clic en una compilación de fragmentos que no había visto antes. Pienso que es un video más de miles, pero enseguida veo que no. No son goles de Messi, ni sus mejores jugadas, ni sus asistencias. Es un compilado extraño: el video muestra cientos de imágenes —de dos a tres segundos cada una— en las que Messi recibe faltas muy fuertes y no se cae.

No se tira ni se queja. No busca con astucia el tiro libre directo ni el penal. En cada fotograma, él sigue con los ojos en la pelota mientras encuentra equilibrio. Hace esfuerzos inhumanos para que aquello que le hicieron no sea falta, ni sea tampoco amarilla para el defensor contrario.

Son muchísimos pedacitos de patadas feroces, de obstrucciones, de pisotones y trampas, de zancadillas y agarrones traicioneros; nunca las había visto a todas juntas. Él va con la pelota y recibe un guadañazo en la tibia, pero sigue. Le pegan en los talones: trastabilla y sigue. Lo agarran de la camiseta: se revuelve, zafa, y sigue.

Me quedé, de repente, atónito, porque algo me resultaba familiar en esas imágenes. Puse cada fragmento en cámara lenta y entendí que los ojos de Messi están siempre concentrados en la pelota, pero no en el fútbol ni en el contexto.

El fútbol actual tiene una reglamentación muy clara por la que, muchas veces, caer al suelo es asegurar un penal, o conseguir que se amoneste al zaguero contrario es propicio para futuros contragolpes. En estos fragmentos, Messi parece no entender nada sobre el fútbol ni sobre la oportunidad.

Se lo ve como en trance, hipnotizado; solamente desea la pelota dentro del arco contrario, no le importa el deporte ni el resultado ni la legislación. Hay que mirarle bien los ojos para comprender esto: los pone estrábicos, como si le costara leer un subtítulo; enfoca el balón y no lo pierde de vista ni aunque lo apuñalen.

¿Dónde había visto yo esa mirada antes? ¿En quién? Me resultaba conocido ese gesto de introspección desmedida. Dejé el video en pausa. Hice zoom en sus ojos. Y entonces lo recordé: eran los ojos de Totín cuando perdía la razón por la esponja.

Yo tenía un perro en la infancia que se llamaba Totín. Nada lo conmovía. No era un perro inteligente. Entraban ladrones y él los miraba llevarse el televisor. Sonaba el timbre y no parecía oírlo. Yo vomitaba y él no venía a lamer.

Sin embargo, cuando alguien (mi madre, mi hermana, yo mismo) agarraba una esponja —una determinada esponja amarilla de lavar los platos— Totín enloquecía. Quería esa esponja más que nada en el mundo, moría por llevarse ese rectángulo amarillo a la cucha. Yo se la mostraba en mi mano derecha y él la enfocaba. Yo la movía de un lado a otro y él nunca dejaba de mirarla. No podía dejar de mirarla.

No importaba a qué velocidad moviera yo la esponja: el cogote de Totín se trasladaba idéntico por el aire. Sus ojos se volvían japoneses, atentos, intelectuales. Como los ojos de Messi, que dejan de ser los de un preadolescente atolondrado y, por una fracción de segundo, se convierten en la mirada escrutadora de Sherlock Holmes.

Descubrí esta tarde, mirando ese video, que Messi es un perro. O un hombre perro. Esa es mi teoría, lamento que hayan llegado hasta acá con mejores expectativas. Messi es el primer perro que juega al fútbol.

Tiene mucho sentido que no comprenda las reglas. Los perros no fingen zancadillas cuando ven venir un Citroën, no se quejan con el árbitro cuando se les escapa un gato por la medianera, no buscan que le saquen doble amarilla al sodero. En los inicios del fútbol los humanos también eran así. Iban detrás de la pelota y nada más: no existían las tarjetas de colores, ni la posición adelantada, ni la suspensión después de cinco amarillas, ni los goles de visitante valían doble. Antes se jugaba como juegan Messi y Totín. Después el fútbol se volvió muy raro.

Ahora mismo, en este tiempo, a todo el mundo parece interesarle más la burocracia del deporte, sus leyes. Después de un partido importante, se habla una semana entera de legislación.

¿Se hizo amonestar Juan exprofeso para saltarse el siguiente partido y jugar el clásico? ¿Fingió realmente Pedro la falta dentro del área? ¿Dejarán jugar a Pancho acogiéndose a la cláusula 208 que indica que Ernesto está jugando el Sub-17? ¿El técnico local mandó a regar demasiado el césped para que los visitantes patinen y se rompan el cráneo? ¿Desaparecieron los recogepelotas cuando el partido se puso dos a uno, y volvieron a aparecer cuando se puso dos a dos? ¿Apelará el club la doble amarilla de Paco en el Tribunal Deportivo?

¿Descontó correctamente el árbitro los minutos que perdió Ricardo por protestar la sanción que recibió Ignacio a causa de la pérdida de tiempo de Luis al hacer el lateral?

No señor. Los perros no escuchan la radio, no leen la prensa deportiva, no entienden si un partido es amistoso e intrascendente o una final de copa. Los perros quieren llevarse siempre la esponja a la cucha, aunque estén muertos de sueño o los estén matando las garrapatas.

Messi es un perro. Bate records de otras épocas porque solo hasta los años cincuenta jugaron al fútbol los hombres perro. Después la FIFA nos invitó a todos a hablar de leyes y de artículos, y nos olvidamos que lo importante era la esponja.

Y entonces un día aparece un chico enfermo. Como en su día un mono enfermo se mantuvo erguido y empezó la historia del hombre. Esta vez ha sido un chico rosarino con capacidades diferentes. Inhabilitado para decir dos frases seguidas, visiblemente antisocial, incapaz de casi todo lo relacionado con la picaresca humana. Pero con un talento asombroso para mantener en su poder algo redondo e inflado y llevarlo hasta un tejido de red al final de una llanura verde.

Si lo dejaran, no haría otra cosa. Llevar esa esfera blanca a los tres palos todo el tiempo, como Sísifo. Una y otra vez. Guardiola dijo, después de los cinco goles en un solo partido:

—El día que él quiera hará seis.

No fue un elogio, fue la expresión objetiva del síntoma. Lionel Messi es un enfermo. Es una enfermedad rara que me emociona, porque yo amaba a Totín y ahora él es el último hombre perro. Y es por constatar en detalle esa enfermedad, por verla evolucionar cada sábado, que sigo en Barcelona aunque prefiera vivir en otra parte.

Cada vez que subo las escaleras internas del Camp Nou y de pronto veo el fulgor del pasto iluminado, en ese momento que siempre nos recuerda a la infancia, digo lo mismo para mis adentros: hay que tener mucha suerte, Jorge, para que te guste mucho un deporte y te toque ser contemporáneo de su mejor versión, y, trascartón, que la cancha te quede tan cerca.

Disfruto esta doble fortuna. La atesoro, tengo nostalgia del presente cada vez que juega Messi. Soy hincha fanático de este lugar en el mundo y de este tiempo histórico. Porque, me parece a mí, en el Juicio Final estaremos todos los humanos que han sido y seremos, y se formará un corro para hablar de fútbol, y uno dirá: yo estudié en Amsterdam en el 73, otro dirá: yo era arquitecto en São Paulo en el 62, y otro: yo ya era adolescente en Nápoles en el 87, y mi padre dirá: yo viajé a Montevideo en el 67, y uno más atrás: yo escuché el silencio del Maracaná en el 50.

Todos contarán sus batallas con orgullo hasta altas horas. Y cuando ya no quede nadie por hablar, me pondré de pie y diré despacio: yo vivía en Barcelona en los tiempos del hombre perro. Y no volará una mosca. Se hará silencio. Todos los demás bajarán la cabeza. Y aparecerá Dios, vestido de Juicio Final, y señalándome dirá: tú, el gordito, estás salvado. Todos los demás, a las duchas.

Goles (Antonio Dal Masetto)

Sin Comentarios »

Estoy en un tren suburbano que salió de Retiro con veinte minutos de atraso y en la primera estación vuelve a detenerse unos quince más. Los pasajeros comentan en voz alta, protestan. El único que parece no darse cuenta de nada es el flaco de piernas largas que está sentado trente a mí. Mantiene la radio portátil pegada a la oreja, escucha un partido de fútbol. Mira a través de la ventanilla y llora. Llora en silencio, sin gestos, inexpresivo. Las lágrimas ruedan por las mejillas y van a mojar la remera color crema.
Termina el primer tiempo y apoya la radio sobre el asiento. Advierte que lo estoy observando.
- Qué grande - dice.
- ¿Qué cosa? - pregunto.
- El Bocha. Grande, grande. Bochini es lo máximo.
Saca un pañuelo y se seca los ojos.
- Siempre me hace llorar.
Suspira. Se sopla la nariz. Guarda el pañuelo en el bolsillo de la campera.
- La primera vez que lloré fue en mil novecientos setenta y tres. Esa tarde me escapé de la escuela y fui a ver por televisión el partido de Independiente con la Juventus. Jugaban en Roma. Los rojos iban en busca del título mundial. Veintiocho de Noviembre de mil novecientos setenta y tres. Faltaban unos quince minutos para que terminara el partido, menos de quince, y de pronto apareció el Bocha, agarró la pelota y no lo paró nadie, se fue solito hasta el fondo del arco de los tanos.
Se cierra la campera, se frota los brazos con fuerza.
- Cada vez que empiezo a hablar del Bocha y de Independiente me dan escalofríos.
Se para, golpea los tacos de los zapatos contra el piso, se despereza, vuelve a sentarse.
- Poco después de aquel partido con la Juventus tuve la suerte de conocerlo personalmente al Bocha. Mi padrino, el primero que me llevó a una cancha, el que me enseñó a amar a los rojos, me lo presentó en los vestuarios del club. Yo tenía doce años, el Bocha diecinueve. Fue algo increíble. Desde entonces jamás le fallé un partido. Voy de cualquier manera. A menos que jueguen afuera, como hoy. Bochini es único, el más grande, un adelantado.
El tren arranca y se detiene apenas salido de la estación. Se oyen las voces indignadas de los pasajeros.
- Tengo un amigo, un tipo grande, siempre me dice que De la Mata era mejor. Me cuenta cómo una vez, en la cancha de River, se apiló a siete y se la mandó a guardar. Yo no le discuto, pero después del triunfo con Estudiantes en la copa, cuatro a uno, lo encontré y lo paré en seco: "Ya sé, ya sé, no me digas nada, De la Mata era mejor, pero ayer Dios se puso la camiseta número diez y goleamos".
El tren da marcha atrás y regresa a la estación. Algunos pasajeros bajan, se juntan en el andén y tratan de averiguar qué está pasando.
- Y aquella noche del verano del setenta y ocho, jugábamos con Talleres, habíamos quedado con ocho hombres, y de pronto, cuando ya estábamos resignados, cuando todo parecía perdido, apareció el genio del Bocha. Lloré. Después vino la final del setenta y nueve, con River, y el Bocha se mandó dos goles. Dos. Y de nuevo lloré. Me acuerdo de otro gol para la historia, en el Monumental, perdíamos uno a cero, Bochini la agarró en nuestra área, el área del río, y se la llevó hasta el otro arco: uno a uno. En un ratito ya estábamos ganando dos a uno. Y otra vez a llorar.
Saca el pañuelo y se lo pasa por los ojos.
- Mi mamá se preguntaba por qué lloraba cada vez que ganaba Independiente y me mandó al psicoanalista. Pero nadie podía entender, ni mi vieja, ni el psicoanalista, ni los amigos, ni mi novia, que me dejó porque no aceptaba mi compromiso de los domingos con Independiente. ¿Cómo se hace para explicar ciertas cosas? Para ellos no significa nada que mi apellido tenga trece letras, igual que Independiente, o que el Bocha sea de mi mismo signo.
Se oye el silbato del guarda. Los pasajeros que habían bajado al andén se apresuran a subir.
- Cuando mi padrino se puso mal lo fui a ver a la clínica, no reconocía a nadie, le tomé la mano y me quedé un rato sentado al lado de la cama, le hablé al oído: "Padrino, ayer le ganamos a Ferro y el domingo nos toca con Boca, ya estamos a un punto del primero".
Me levanté para irme, llegué a la puerta y oí la voz de mi padrino que me preguntaba: "Jugamos en Avellaneda o en la Bombonera?". Fueron sus últimas palabras, murió esa noche.
Siguen unos minutos de respetuoso silencio. Una vez más el tren se pone en movimiento, deja atrás la estación, levanta velocidad.
- Ahí empieza el segundo tiempo - dice el flaco.
Se apoya la radio contra la oreja, se acomoda en el asiento y fija la mirada en las grandes nubes blancas inmóviles sobre el horizonte. El flaco se está yendo, me abandona, se va, se fue.
Ese es el recuerdo.
Pienso en la imagen de aquel flaco y, lo mismo que entonces, me digo que quizás, en alguna parte del mundo, también a mí me esté esperando uno de los tantos paraísos perdidos. El paraíso perdido que me corresponde. En alguna parte. ¿Pero dónde?

Buscar este blog