Cuentos de Fútbol

Campeonato Yupi-Caricia (Clamater)

La cancha de nosotros era mucho más buena... lejos, de cemento con arcos de fierro y redondos, deben haber sido los únicos arcos de verdad en todo el pueblo, Lo Miranda... ¿que significa?, lo de Miranda, lo que le pertenece a Miranda, Pedro de Miranda y Rueda... cuanta descendencia dejaste... varios buenos pa la pelota y uno de ellos era el Lucho, Lucho Miranda.

Nosotros nos sentíamos confiados en que podíamos derrotar al equipo de la plaza, eran buenos y eran pelusones y eran pinganillas pero nosotros teníamos una cancha bacán, no porque nuestras familias tuvieran mejores oportunidades o más lucas, sino que tuvimos la buena suerte de que llegó a vivir a la calle don Fredy, un arquitecto pudiente, un loco que escapó de la voragine y demencia citadina, arrancó de acá, de Santiago y se instaló allá, en el campo y se hizo la media casa, con piscina de verdad, de esas de cemento y con pasto, pasto verde sin champas, un jardín maravilloso y una pajarera gigante, con camarotes y todo... y ahí entremedio de ese palacio rural... una cancha, una maravilla que la primera vez que la vi, me emocioné y pensé que afortunados los hijos de esta familia.

Pero no, don Fredy era distinto, el hombre lo primero que hizo cuando terminó su casa, fue invitar a todos los niños que vivíamos en esa calle a jugar baby en la cancha nueva y de ahí no paramos más, todos los Sábados sagradamente había pichanga y don Fredy era uno más de los jugadores, los cabros de la plaza siempre quisieron jugar ahí, así que entre todos armamos un partido de ida y vuelta, primero jugaríamos en la cancha de don Fredy y devuelta en la cancha del colegio, cerca de la plaza y esta vez era con premio. Dos jugos en sobre, cada equipo ponía uno y el ganador se llevaba los dos, nosotros juntamos las monedas como pudimos para comprar un Caricia de guinda y los pelusones llegaron con un Yupi de frutilla, la plata en ese tiempo en las manos de esos niños no existía, hubo que pedirle a los papás y quedarse con uno que otro vuelto y con eso comprar los premios.
Los partidos fueron anécdotas, ganamos de local y de visita se reforzaron con el lucho Miranda que vivía en nuestra calle, pero el muy traidor jugó por ellos ese dia, el flaco era bueno y nos ganaron con varios goles de él.

Al final, la premiación y como estábamos un partido para cada uno, con un carisello sellamos la suerte y claro!, no andabamos con la estrella ese día, así que los de la plaza se quedaron con los dos sobres de jugo... cuando veniamos saliendo de la cancha del colegio, derrotados y sin premios, después de haber tomado aguita de la manguera no más, apareció el felo uno de los pelusones del equipo ganador, se paró con dos botellas de dos litros en sus brazos y nos grita:
- "Cabros!, ¡Vengan a tomar jugo con nosotros!"

Así que ahí, en medio de la cancha, sentados alrededor del circulo central y cuando ya el sol se empezaba a esconder detrás de los cerros y pintaba el arrebol, estuvimos haciendo correr las dos botellas de boca en boca, limpiando el gollete con la palma de la mano, con ese gesto olvidado por el tiempo y conversamos repasando las mejores jugadas y las patadas que le había pegado el Castillo al flaco Miranda, hasta que la noche nos llamó a cada uno para nuestras casas.

Esta entrada fue publicado el 27 de abril de 2019.
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