Cuentos de Fútbol

El partido con todos (japezoa)

Lo que hoy en día sería un viaje de unos minutos en Uber para llegar a las canchas de la "Monte Cea", en la mente de un niño es una aventura de todo un día, ¡Si había que atravesar media ciudad!, bah como si la cuidad hubiera sido tan grande...
 
Partamos diciendo que el destino eran las "Canchas de la Monte Cea", sólo se podía llegar allá en vehículo y había que atravesar por un antiguo puente de madera el caudaloso río Quilque. Posiblemente lo encontraran como Estero en algunos lados, pero no es más que falta de información, había que estar ahí. Teníamos que ir para allá porque era la cancha más cerca que teníamos, con dimensiones y arcos profesionales y claro, eran canchas de tierra, que van a creer que era de pasto, si esto no es ficción. Para ese tiempo ya no estaba la Cancha del Cóndor, esa que estaba al lado del paso del Buitre, porque empezaron a construir la Villa Obispo, el progreso que le dicen.
El motivo era un partido que se organizó y donde el único requisito era haber jugado alguna vez en nuestra cancha, "La Bombonera", que aunque era para 7 no más, era tan pero tan pulenta, que quedaba al lado de la Iglesia, así que cualquier cosa, las mandá a llorar eran señalándola para que fueran altiro. Igual, ya le hice un relato para ella solita
 
Se salía de la casa del guatón Ricardo, quizás en otro de estos relatos les cuente más de él, pero mejor le pregunto, sino me cobra derechos de autor o me demanda, pero les adelanto que siempre andaba con la talla a flor de labios y que mi hermano lo molestaba con que se parecía al Kike Morandé. Si se pregunta por qué se salía de ahí, era porque él tenía una Camioneta, no sé si una Chevrolet C10 o parecida, pero era una de esas donde caen caleta para irse atrás, así que era el transporte ideal. A propósito de mi hermano, a la máquina le decía "El Camión de la Basura". Sí, hasta los autos le teníamos sobrenombres como el "Tanque Felino" o "la Nola"
 
El día del partido y seis horas antes de la hora acordada, ya se veía que la jornada no iba a estar fácil, empezaba a llegar gente y esperaban en la plaza que está en diagonal a la casa del Ricardo, por donde vive el Pinto y el Contreras. Para hacerla corta, llegó la hora y guatón dijo "ya cauros, nos vamos, súbanse todos como puedan". Era tanta la gente, que algunos quedaron abajo y mientras empezaba a andar los íbamos subiendo. Encima teníamos una sola ruta posible y pasábamos por todas las poblaciones de donde venían siempre a jugar: De "La Ruca", en "La Endesa" ahí apareció el Contreras, se subió al techo de un auto y se tiró arriba de la camioneta cara dura, cayó encima del Papa y mío, me ve y me dijo "¡¡¡Qué pasa Chuaspiiii!!!, no me perdía el partido nica". En la Galvarino, aparecieron los Cochones que andaban ensayando, venían con los instrumentos y amplificadores, echaron todo arriba y seguimos. En la vuelta que dimos ya pa ir "pal lado de la vega" y saliendo de la Galva Death, casi se no cae el Chupete, menos mal que lo agarró de las patas el Lester, de pura raja se salvó.
Aparecía gente corriendo y subiéndose a cada rato, ya casi llegando al puente para entrar a la Pedro Lagos, estoy hablando del tiempo que habían dos puentes no más, ahora tienen puentes cada dos cuadras. Bueno, ahí se subió el Claudio, el Abuelo y el Pelao Córdova que venían de la casa del guatón corriendo y tratándose de subirse. Si bien pasamos, el crujido que hizo, mínimo lo dejó con fallas estructurales. Yo creo que por eso después lo cerraron pa autos por un tiempo, y después hicieron otro nuevo, hasta barandas tenía. Un favor les hicimos.
 
Un poquito más allá en la Pedro Lagos, vemos al Zoa con su raqueta, bolso y tenida para jugar tenis. Nos vio y no le importó nada, echó todo arriba y seguimos. Estábamos en la parte final, y que era en subida, con eso ya estábamos listos, la camioneta estaba en las últimas, humiaba por todos lados y en eso, se ve la sombra de un gordo que viene corriendo... dijimos cagamos, este se sube y no llegamos. Cuando finalemente lo vimos, ahí respiramos tranquilos, era el Pato Mella que venía con la pelota y como la tomó, parecía la guata. Menos mal que este es flaco, así que fue como echarle un vaso de agua al mar. Pasamos Avenida Alemania y por fin llegamos.
 
¿Saben cuantos fueron a jugar? ¡fueron todos!, o sea no te digo que los contáramos, era imposible porque mucha gente jugó en nuestra cancha. Lo que les puedo decir es que cada vez que te encuentres con alguien que jugó en La Bombonera, te va a decir que él fue a esa pichanga en La Monte Cea. Yo una vez empecé a anotar a los que me acordaba que vi ese día, y después con el tiempo me decían de otros y aparecía más y más gente. Entre tantos años y las mudanzas perdí ese libro, pero más de 200 nombres habían seguro. Después ya no continué con esa búsqueda, hasta ahora, que empecé a hacer esta lista de nuevo, y me acuerdo sólo los del relato y algunos más, pero mi memoria ya está muy frágil.
 
A VER SI ME AYUDAN AGREGANDO A LOS DEMÁS:
Guatón Ricardo, el Chalo, El Pelao Córdova, el Chupete, El Lester, Harry, el H, el Mauri Quinteros, Guille Núñez (ese que según el Felipe vomitó leche con plátanos y longanizas), Lipresio, Negro Raúl, los 2 Pinto, los cochones, el Isra, el Zoa, Héctor, el Contreras, el pequeño Juan, el Abuelo, el Quezada, el Pelao Córdova, todos los Jure, Zafita, Claudio y el Alvaro Lagos, el Papa, el Conejo, el Pili, Mamasan, el Flauta, el Nestor, Pato Mella, Samba, el Chino Murua, el PJ, el Galindo.
 

 

Esta entrada fue publicado el 1 de enero de 2021.
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